Esto no pretende ser una crítica sino una pequeña reflexión en llave de humor... Espero que os guste y que, a diferencia de los protagonistas del relato, paséis una auténtica FELIZ NAVIDAD.
NAVIDAD EN UN BLOQUE DE PISOS
El oficinista del 1º
Un año más de lo mismo: de tener que aguantar a sus suegros, aceptar las bromas pesadas de “cada año más calvo”, esperar a que su mujer se arregle durante, al menos, dos horas para que salga más pintada que una mona y oliendo a perfume barato, comprar unos regalos inútiles que lo dejarán en banca rota hasta la paga de Enero...
Ya en el ascensor y cerrada la oficina hasta el día 9, se afloja la corbata, ni por Navidad podrá dejarla donde mejor estaría, en el armario, guardadita junto a las decenas de postales impersonales y frías, como la de la empresa, que le desean una “FELIZ NAVIDAD”...
El comerciante del 2º
Por fin han cerrado ya la tienda y ese ha sido el mejor momento del año: el de ver como los billetes se ordenan alineados por colores en la caja registradora y como ésta parece no querer cerrarse. Qué bonito oír su leve chasquido cuando los toca, sus olor a papel usado, su valor intrínseco... Y otra vez se pregunta donde irán a parar la saga de objetos inútiles que han comprado sus clientas con una sonrisa materialista en la cara mientras le piden que envuelva bien los paquetes con un papel rojo pasión y estampado de arbolitos verdes nevados y que no se olvide de colocar, de forma precisa, la etiqueta de “FELIZ NAVIDAD”.
La estudiante del 3º
Ya se han ido sus dos compañeros de piso a su hogar y, por ende, le han dejado al asqueroso y pulgoso perro que encontraron en el contenedor de basura dos días antes.
Ella, sin embargo, volverá a ser, como el año pasado, una chica aislada en el silencio de la televisión, una perdida en la conexión de la red y una adicta a los platos que se precalientan en el microondas, una coleccionista impulsiva de boletos de Navidad por si algún día es capaz de comprar lo que no se paga en dinero y una estudiante proscrita que se esconde tras un montón de libros para no tener que enfrentarse a la realidad de no encontrar sentido a las luces de colores que adornan las tiendas del barrio: “FELIZ NAVIDAD”.
La señorita del 4º
Se pasea de boca en boca y salta de cama en cama, cambia de vestido y de peinado, de plató a escenarios pero no es una actriz (o sí, quién sabe) ella tan solo busca retomar su vida, lo que era antes, ahora es una náufraga inconsciente de su consciencia. Sin embargo, por fortuna, sabe que continúa existiendo, porque las facturas de la luz, del agua, del gas, del teléfono y del alquiler no dejan de acumularse por debajo de la puerta medio rota de melanita, al igual que el interfono y los clientes desesperados que desean pasar, aunque lo hagan con una mujer vendida, lo que las grandes superficies, los autobuses y los spots de turrones anuncian como una “FELIZ NAVIDAD!”.
La viejecita del 5º
¡Si por lo menos fueran pocos! Pero no, su marido, que de eso sí sabía, le dejó una saga de hijos enorme que, conforme han ido pasando los años se ha ampliado, juntando, además, una jauría de nietos insoportables. Y otra vez siente como le duelen todas las articulaciones mientras remueve de forma constante la bechamel de los canelones. ¡Por Dios, si aún le queda el pavo! Ese enorme animal le lleva por el camino de la amargura: cada año pesa demasiado, no cabe de ningún modo en la cacerola, no se deja cortar por su cuchillo...
Y, cuando finalmente ha podido cocinarlo, a todos los nietos les parece “duro”, a los hijos “un poquito salado” y a los allegados recién incorporados, que aún se esfuerzan en ser discretos, “un sabor particular”.
Suena el teléfono, es su séptima nieta diciéndole que llevará a su novio: lo que faltaba, otro más a quién alimentar y a quién desear con hipocresía una “FELIZ NAVIDAD”!.
miércoles, 21 de diciembre de 2005
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1 comentario:
Ja ja ja, tremendas realidades has dicho... con el alma aunque hubiere ya pasado te deseo una feliz navidad y un excelente año 2006!
Gracias por tu letras!
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