martes, 5 de julio de 2005

Urgencias del corazón (continuación)

Así de delgada había sido la línea entre la vida y la muerte para aquel cachorro, tan delgada como un dedo de una estudiante de primer curso de veterinaria masajeándole el corazón con el deseo que se recuperara y siguiera adelante, porque así es la vida, una lucha constante.
Eso era la vida: algo tan simple, maravilloso y fugaz como aquello.
Corrí como nunca lo había hecho en la vida y, cuando dejé el cachorro junto a sus seis hermanos, la madre me diriió una mirada de gratitud tan inmensa que dudo que pueda olvidarla jamás.
Se acercó la veterinaria y me abrazó con fuerza y, antes que me diera cuenta, mi bata estaba empañada en lágrimas.
Llámalo urgencia del corazón pero en ese momento quise llamarte para decirte que me hubiera gustado que hubieses estado a mi lado para ver lo que vieron mis ojos, para contagiarte mi emoción, para que vieras que no he perdido la sonrisa y que aún es mayor si cabe…
Quise llamarte pero en ese momento el propietario me agarró del brazo y me pidió que le hiciera un favor: que pusiera nombre a la perra y me la llevara conmigo porque lo que había hecho yo no podía ser más que un milagro.
Le dije que me era imposible tomar una responsabilidad tan grande. Fue entonces cuando me percaté de quién era el dueño y creí en el destino porque aquel chico me había ayudado en mi primera carrera de trineos (a mis once años, en una curva cubierta de barro en la etapa nocturna) y nunca más supe de él, ni siquiera pude darle las gracias.
Tozudo como todo buen propietario de un siberiano, me pidió que le pusiera nombre. No lo dudé un minuto. Esa perra merecía llamarse Ruby. Era una auténtica joya y su pelo brillaba más que esa piedra. Además, era tan dulce como mi propia perra Ruby y, como llamarla Roser iba a ser un poco ofensivo, mi nick y mote para los amigos podía servir.
Así que estuve con "Ruby Miracle de Vallgoix" (el epíteto y el apellido los añadió Albert, el propietario) hasta que llamó nerviosa mi madre al hospital.
Eran las doce y cuarto de la noche y sufría por mí. Pobre mujer, ya se sabe como son las urgencias… las urgencias del corazón.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Entre bastantes dolores y algun que otro ataque de "devuelvanme mis dientes" (tu sabes a que me refiero ;)) ,he encendido el ordenador y he entrado por aquello de "vamos a ver si hay algo nuevo"...

y vaya si lo hay.

Y vaya manera de escribirlo...

y que torpe me siento yo aqui pateando teclas intentando poner por escrito lo que he sentido al leer esas líneas...niña, si es q al lado tuyo, escribiendo soy como un macaco manco...;)


Sabes bien lo que me gustan los perros, los adoro. Me he llegado a poner en tu piel mientras iba pasando de linea en linea. Y no veas como me he emocionado.
Me alegra TANTO que haya sucedido algo así entre tus manos, cielo...porque sé y entiendo lo que significa para tí el ver cómo con tus propias manos has salvado la vida a ese cachorrillo.

Y piensa...la de ellos que van a salvarse en el futuro gracias a ti... ;).


Me muero en ganas de llamarte otra vez...ojala hubiese leido ésto para cuando hablamos antes, me hubiese encantado oirte contar los detalles.

El problema es q ahora casi no puedo hablar,me es fisicamente imposible, ya te supondrás por qué (XDDDD). A ver si mañana puedo articular un poquito sin mucho problema y hablamos un ratito más.


Un beso enorme, guapa. Estoy contigo, recuerdalo, eh? :).

Anónimo dijo...

Roser:
L'atzar no juga als daus amb el teu destí... NO!
No volia escriure res perquè ja t'ho he dit tot quan ens hem trucat però t'he volgut recordar el que em vas dir, mentre somreies, la primera vegada que vaig pujar al trineu: "tu mira endavant, agafa't fort, tingues confiança i tot anirà bé".
Això és el que et dic jo ara: mira endavant, agafa't fort al trineu de la vida, tingues confiança i ja veuràs com tot anirà bé.
Un petonàs enorme, molts ànims i ja veuràs, demà serà simplement un altre fantàstic nou dia...
Gràcies per confiar amb mi... per fer que cada dia al teu costat sigui un regal... per...
PARO, que no vull posar una despedida.
T'estima,
Maria.