Después de varios días sin colgar nada, me ha llegado este excelente artículo reflexivo de un buen amigo estudiante de ciencias políticas y he decidido compartirlo con todos vosotros. Ya me contaréis qué os parece...
Joan, espero que no me cobres derechos de autor ;)
Uno se pregunta porque gente de buen corazón no se dedica a los demás en cuerpo y alma. Por qué, por ejemplo, mucha de esta gente no emplea las tardes en militar activamente en un movimiento social, ONG, etc. El factor diferencial entre aquellos que desearían ayudar y los que realmente se dedican a una causa justa es la valoración del tiempo en relación con la causa. Se efectua una elección racional en la que el interés personal se combina con el espíritu social y de ello resulta una balanza que se inclinará hacia un lado u otro.
Si muchos no emplean su tiempo en atacar la pobreza, las multinacionales explotadoras y similares es por el gran peso que dan al tiempo, entendiendo que éste debe ser aprovechado al máximo. Este máximo, en nuestra cultura occidental, se asocia a la satisfacción del interés personal en la mayoría de los casos.
El dilema de algunos se da en los términos expuestos. Pero, si el limitado tiempo nos impide usar nuestras energías para servir a los necesitados, ¿por qué no lo denunciamos en voz alta y en todos lados? Pues bien, precisamente porque ello conllevaría mucho tiempo. Así de sencillo y duro a la vez. La prisión del tiempo se estrecha conforme más se ensancha la competencia universal, el ir un paso por delante y pisar a los demás. El problema es que si se pisa demasiado fuerte puede que la Tierra –así como el corazón humano- se resienta, como ya viene sucediendo. Por ejemplo, que la huella ecològica de Holanda sea 14 veces la de un país africano medio.
La solución al resentimiento que sufre nuestro planeta ni se avecina ni se vislumbra, desgraciadamente. Como máximo, algunos predican que “otro mundo es posible”. En realidad, en un mundo global, para cambiar las relaciones humanas y de producción debemos avanzar hacia un gobierno global. “¿Cómo?”, es la pregunta subsiguiente. El único motivo que puede llevar los gobernantes a un abandono del interés nacional para avanzar hacia un gobierno global potente es una crisis igualmente mundial. Según afirman los expertos y mediáticos, desde James Lovelock y Stephen Hawking hasta Al Gore y Bono es que la crisis será sinónimo de escasez de recursos naturales –agua-, calentamiento global u otros. El parón demográfico que se teoriza para finales del siglo XXI no será probablemente suficiente para parar una crisis múltiple.
Ante ello, caben dos posibilidades. Una, que nadie sea capaz de sobreponer los intereses de largo plazo a los de corto plazo. Ello conllevaría, yo creo, el fin del mundo o la supervivencia de una minoría rica, protegida y abastecida. La otra, que la fuerza de la sociedad mundial sea suficiente para vencer los intereses a corto plazo. En otros términos, conseguir un cambio mundial a tiempo.
La última pregunta, quizás la más importante, es la siguiente: ¿cómo se consigue una mobilización social a nivel mundial con suficiente antelación para poder solventar la crisis que se avecina a causa de la acción humana? En los términos iniciales, ¿cómo decantamos la balanza en nuestra valoración del tiempo hacia el otro lado “a tiempo”? El gran reto parece ser éste, conseguir un cambio global en los cánones de acción humana para afrontar con esperanza la escasez de agua, el fin del petróleo o similares. Una cosa es segura: el sistema capitalista no construye puentes sociales en este sentido sino económicos. Es un reto complicado, pero esperemos que si el género humano es capaz de dañar el planeta también sea capaz de mejorarlo cuando desesperadamente urja.
Si muchos no emplean su tiempo en atacar la pobreza, las multinacionales explotadoras y similares es por el gran peso que dan al tiempo, entendiendo que éste debe ser aprovechado al máximo. Este máximo, en nuestra cultura occidental, se asocia a la satisfacción del interés personal en la mayoría de los casos.
El dilema de algunos se da en los términos expuestos. Pero, si el limitado tiempo nos impide usar nuestras energías para servir a los necesitados, ¿por qué no lo denunciamos en voz alta y en todos lados? Pues bien, precisamente porque ello conllevaría mucho tiempo. Así de sencillo y duro a la vez. La prisión del tiempo se estrecha conforme más se ensancha la competencia universal, el ir un paso por delante y pisar a los demás. El problema es que si se pisa demasiado fuerte puede que la Tierra –así como el corazón humano- se resienta, como ya viene sucediendo. Por ejemplo, que la huella ecològica de Holanda sea 14 veces la de un país africano medio.
La solución al resentimiento que sufre nuestro planeta ni se avecina ni se vislumbra, desgraciadamente. Como máximo, algunos predican que “otro mundo es posible”. En realidad, en un mundo global, para cambiar las relaciones humanas y de producción debemos avanzar hacia un gobierno global. “¿Cómo?”, es la pregunta subsiguiente. El único motivo que puede llevar los gobernantes a un abandono del interés nacional para avanzar hacia un gobierno global potente es una crisis igualmente mundial. Según afirman los expertos y mediáticos, desde James Lovelock y Stephen Hawking hasta Al Gore y Bono es que la crisis será sinónimo de escasez de recursos naturales –agua-, calentamiento global u otros. El parón demográfico que se teoriza para finales del siglo XXI no será probablemente suficiente para parar una crisis múltiple.
Ante ello, caben dos posibilidades. Una, que nadie sea capaz de sobreponer los intereses de largo plazo a los de corto plazo. Ello conllevaría, yo creo, el fin del mundo o la supervivencia de una minoría rica, protegida y abastecida. La otra, que la fuerza de la sociedad mundial sea suficiente para vencer los intereses a corto plazo. En otros términos, conseguir un cambio mundial a tiempo.
La última pregunta, quizás la más importante, es la siguiente: ¿cómo se consigue una mobilización social a nivel mundial con suficiente antelación para poder solventar la crisis que se avecina a causa de la acción humana? En los términos iniciales, ¿cómo decantamos la balanza en nuestra valoración del tiempo hacia el otro lado “a tiempo”? El gran reto parece ser éste, conseguir un cambio global en los cánones de acción humana para afrontar con esperanza la escasez de agua, el fin del petróleo o similares. Una cosa es segura: el sistema capitalista no construye puentes sociales en este sentido sino económicos. Es un reto complicado, pero esperemos que si el género humano es capaz de dañar el planeta también sea capaz de mejorarlo cuando desesperadamente urja.


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