viernes, 1 de septiembre de 2006

Miradas

Un día cualquiera. Pocos meses antes de ser padre. La vio desde la otra punta de la calle y reconoció al instante su andar, su ligero movimiento de caderas, su pelo a golpe de viento.
Se observaron de reojo, ligeramente, sin saber muy bien qué hacer.
La saludé, como se saluda a la que ha sido tu cuñada durante cinco años y de golpe dejó de serlo, con cordialidad pero sin extremada simpatía, con una sonrisa en los labios pero sin esta misma sonrisa en los ojos.
Se miraron un largo rato, titubearon y al final intercambiaron unas cuantas palabras acerca del trabajo, la familia, la casa… Y llegaron a ese punto en el que ya no importaba nada de lo que se dijeran, en el que percibí que una extraña chispa aún unía sus ojos…
Qué complicadas son las relaciones humanas, las roturas, los sentimientos, las miradas de dos seres que fueron tan próximos y ahora son solo dos conocidos que se saludan torpemente por la calle…
De repente, como empujada por el viento de levante, llegó la frase, el conjunto de palabras que salieron de sopetón de los labios de ella “ya me han dicho que tendrás un hijo, felicidades” y debió sentirse mal porque desvió la mirada y dijo que se le había hecho repentinamente tarde, como si aquella frase hubiera acelerado las agujas de su elegante reloj de muñeca, marcando un antes y un después en su camino…
La ví marcharse calle abajo, con la cabeza agachada y cogiendo el bolso de oficinista con una temblorosa mano derecha. Él, tan supuestamente conocido por mí, tan alegre, tan vital, se había quedado quieto, divagando, tal vez esperando o naufragando entre el recuerdo hasta que le llamé la atención y, con expresión culpable, me miró unos segundos y echó a andar.
Hay amores de juventud, maravillosos, profundos, auténticos, supuestamente eternos inagotables, insaciables e inacabables, amores que dejan huella… pero también herida.

3 comentarios:

vary dijo...

Muchas veces nos sentimos agobiados en momentos que son incompresibles, pero el “tiempo se encarga de todo” dice un refrán. Convirtiéndolos en recuerdos inolvidables.
Te estaré visitando.
Saludos.

Denia dijo...

Heridas que nos sacuden para corroborar que el amor fue... que es... heridas que después se convierten en cicatrices... pero uno siempre puede regresar y aprender a vivir con el recuerdo.

Besazo guapa!

fgiucich dijo...

Las heridas del alma tardan mucho en cicatrizarse. Abrazos.